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ruben herrera
rosario - argentina
hola!
escribo cuentos que hablan sobre los temas que a diario se tocan en cualquier lugar; ya sea ineguridad, aborto, malvinas, donacion de organos etc etc.
en estos dias sale al mercado mi libro que lleva como titulo "EL TREN DE LAS CUATRO".
me gusta mucho el cine. las peliculas que me marcaron fueron EL CAMPEON, LA VIDA ES BELLA, EL VALOR DE UNA PROMESA. Y con respecto a los libros; LAS CENIZAS DE ANGELA, OCEANO,LOS PILARES DE LA TIERRA, LA NIETA DEL SEÑOR LINH y otros.
Tengo cuatro hijos y una nieta.
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Últimos comentarios de este Blog

04/10/09 | 12:59: rolando dice:
Precioso Rubén! Y homenaje al \"Negro\" también, no? Como buen rosarino... Te invito a mi blog \"lapacienteimpaciente\", ahí hay un cuento que quizá te guste y le da título a un libro, donde hay también, mirá vos, otro cuento que también es \"in memorian\" del Negro... Un abrazo. R.M
02/10/09 | 15:38: suletrasmonte dice:
Muy bueno tu cuento, y está perfecto el reconocimiento a los donadores de órganos. estoy de acuerdo. Yo leí dos veces Las cenizas de Angela ylloré a mares con esa historia de tanta pobreza en Irlanda. Es unlibro que recuerdo siempre, aunque leí otros de ese autor y no me llegarton tanto.
10/08/09 | 23:24: Daniel dice:
que hace Ruben Herrera, lei esto y me parece una absoluta mierda lo que escribis, desde el concepto moral hasta el estético, buenas noches. encima me tomo el laburo de escribir el código de seguridad...
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cuentos para pensar


En el blog solo enviare cuentos, que nos haga de alguna manera pensar. El fin seria ese. Me gustaria que aquella persona que lea un trabajo mio, pueda opinar sin ningun tipo de problemas. Estas opiniones, pueden ser a favor o en contra, no hay ningun tipo de censura de parte mia. Lo unico importante es saber, que hay gente que busca encontrar en estos tipos de espacio, un lugar donde expresarse.


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EL TREN DE LAS CUATRO



 

 

LA HISTORIA DE UN CHICO QUE LUEGO DE TRIUNFAR EN EL MUNDO DEL FUTBOL VUELVE A SU PUEBLO NATAL Y ES RECIBIDO COMO UN HEROE

El tren de las cuatro

Todos en el pueblo salieron a recibirlos. Todos, absolutamente todos. Nadie podía faltar a la cita. Desde los más ancianos, hasta los niños. Desde el intendente, hasta el último de los empleados.

El pueblo solo trabajó mediodía. Todos se pusieron de acuerdo, para que nadie por la tarde realizara ninguna tarea. Los negocios no abrirían sus puertas. Es que nadie quería estar ausente cuando él, regresara en el tren de las cuatro.

Si bien, volvía al pueblo todos los años para las fiestas, este era un regreso muy especial. Todos en la estación del tren, estaban vestidos de manera muy particular, como no lo habían hecho antes. Ante ellos, en unos minutos estaría él, el niño mimado del pueblo. Al principio querían traerlo en un helicóptero, luego en el camión de los bomberos, en un ómnibus preparado para tal ocasión, pero el pueblo en todo su conjunto, dijo que no. Que sería mejor que lo trajeran en el tren.

Todo el pueblo quería homenajearlo, viéndolo descender desde el vagón principal. Apenas el tren se detuviera sería recibido con un aplauso cerrado como se merece un héroe del fútbol. El ¡dale campeón, dale campeón!, se escucharía sin cesar. Es que fue campeón mundial con la Selección Nacional, y un triunfador en toda Europa. Y de la misma manera sería despedido, con un fuerte aplauso, como se merece.

Se me vienen a la mente aquellos recuerdos de la infancia, cuando solíamos ir a la escuela. Él, después de ayudar a su madre, a ordeñar las vacas, de darle de comer a las gallinas, se ponía su guardapolvo blanco y partía rumbo al colegio. Ahí aprendimos a leer y escribir, a saber comunicarnos con los demás. A entender, el porque de ayudarnos entre todos los del pueblo, para poder afrontar los problemas cuando venían las inundaciones. De los maestros rurales que tenían que ir varias lenguas a caballo para poder cumplir, no solo con su obligación de educar, sino también con su propia conciencia moral, de sentirse bien en espíritu con el creador.

Cuando acompañábamos a nuestros padres a cazar, los domingos después del almuerzo. De las noches de verano, cuando jugábamos hasta la madrugada a la luz de un candil a querosén, que poníamos en el patio de la casa de sus padres.

Así fuimos creciendo, hasta que después de terminar la escuela primaria, fuimos hasta la capital de la provincia, a jugar un partido, invitados por la liga infantil del fútbol regional. En ese momento fue descubierto por un ayudante de campo, de un equipo de primera, que estaba de vacaciones.

Después de hablar con sus padres, lo llevó a vivir en una pensión del club.

Al principio se hizo duro, porque nunca había salido del pueblo y ahora al encontrarse en un mundo diferente, le costaba adaptarse. Ahí además de jugar al fútbol, los orientaban para poder seguir con una carrera universitaria, si estos querían hacerlo.

Conoció a muchos chicos que se encontraban en la misma situación que él, y eso lo ayudó a trabajar más duro, para seguir soñando con jugar en primera. Estando en la tercera lo convocaron para jugar en la selección juvenil. Este fue el escalón para llegar a la primera, ya que se destacó en el sudamericano, como la revelación del campeonato. De ahí en mas su carrera fue ascendente, hasta ubicarse entre los mejores jugadores del mundo.

Después de salir campeón con su equipo y salir campeón con la selección juvenil, fue vendido a Europa por una cifra millonaria. Si bien esto le trajo tranquilidad económica, sus padres siguieron viviendo en el pueblo que lo vio nacer, y donde habían trabajado toda la vida.

Después de jugar dos años y haber logrado un campeonato europeo, este año salió campeón de América con la Selección Nacional. Donde fue la figura indiscutible del certamen, llevándose el balón de oro.

Ahora después de tres meses de este logro, regresaba al pueblo que lo vio nacer, al pueblo que le regaló los mejores recuerdos de la infancia. Es por eso que el pueblo, no quería faltar cuando regresara. Querían recibirlo y también despedirlo como el se lo merecía, al grito de ¡dale campeón, dale campeón!

-¡Ahí viene el tren! grito el enano desde arriba de un árbol. La locomotora se dejaba ver a lo lejos. Sus colores despintados por el maltrato de los años se podían ver a la distancia. El tren llegaba cansado, trayendo al ídolo del pueblo, aquel mismo que había llevado en busca de un sueño.

Al ver que se acercaba, empezaron a agitarse banderas argentinas. Los gritos se hicieron escuchar, así como también los aplausos y el llanto que brotaba de la emoción. Cuando la maquina se detuvo hubo un minuto de silencio, nadie decía nada, hasta que el padre del chueco grito.

- ¡Genio, monstruo, campeón! Todos se hicieron eco de esto y comenzaron a gritar,

¡Dale campeón, dale campeón!

Él descendió del tren junto a seis personas. Los acompañaban tres de cada lado. Estaban vestidos todos de oscuro y el tenia una bandera que lo cubría todo. Su mama apenas lo vio se le tiro encima. De aquí en más lo escoltaríamos nosotros. De un lado estaban su papa, el enano y bocha y del otro Martín el peluquero, mi viejo y yo. Su mama se había desmayado por eso no lo acompañó.

Lo teníamos que escoltar hasta el otro lado del pueblo. Siempre por la calle principal.

Mientras caminábamos, al grito de ¡dale campeón, dale campeón!, sentí que ya no seria lo mismo. Que el pueblo tampoco seria el mismo de siempre. Entonces le empecé a decir que estaba orgulloso de él, que el pueblo estaba agradecido por todo lo que hizo. De no olvidarse de sus orígenes. De ser respetado por donde quiera que vaya. Y no era para menos ya que hablaba poco, solo lo necesario. Nunca estuvo mal con nadie. Jamás estuvo involucrado en nada extraño. Era un verdadero profesional y por sobre todo muy solidario.

Mientras le decía lo mucho que lo quería, comencé a llorar. Lo mire al enano, y vi que hacia lo mismo. Una tenue lluvia comenzó a caer, sobre toda la multitud, que seguía caminando, como si no se hubiera dado cuenta.

Mi mano, comenzó a temblar mientras sentía el frió de la manija de metal. Una vez que llegamos, lo dejamos en el lugar preparado para él. Todos se pusieron alrededor y comenzaron a aplaudir.

Gritaban ¡dale campeón, dale campeón! mientras lloraban y arrojaban flores, al mismo tiempo que él descendía hasta donde seria su morada final. El ataúd cubierto con una bandera argentina fue dejado en el fondo de la fosa.

Él, el campeón, el niño mimado del pueblo, murió en un atentado terrorista, a manos de unos hijos de mil put..

(En memoria de aquellas victimas inocentes, que hay en todo el mundo)

AUTOR: RUBEN HERRERA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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